Cabalgata de los Reyes Magos de Oriente

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El pasado 05 de enero de este nuevo año 2018,  Esther Martín y sus hermanos, Paula y José David, así como la familia, asistieron como otros muchos chiquillos, adolescentes y mayores a la cabalgata de Sus Majestades Los Reyes Magos de Oriente, en conmemoración del nacimiento del  Hijo de Dios, con la misma ilusión,  de aquel primer año…

para pedir también a Sus Majestades de Oritente, sus regalos, para hacer presente sus peticiones y anhelos de cara al nuevo año que ahora está comenzando.

Y es que esta tradición cristiana es ancestral, nos tenemos que remontar muchos miles de años atrás en el tiempo, hace 4.000 años ya en la antigua Babilonia, se tenía la costumbre de hacer los nuevos propósitos para el nuevo año que comenzaba.

El imperio de Babilonia estaba situado entre los ríos Tigres y Éufrates, al sur de la actual Bagdad (Irak). La denominación de este territorio que llegó a constituirse en un gran imperio, deriva del nombre de la ciudad de Babilonia.

La civilización babilónica, que duró desde el siglo XVIII hasta el VI a.C., era, como la sumeria que la precedió, de carácter urbano, aunque se basaba en la agricultura más que en la industria. El país estaba compuesto por unas doce ciudades, rodeadas de pueblos y aldeas. A la cabeza de la estructura política estaba el rey, monarca absoluto que ejercía el poder legislativo, judicial y ejecutivo. Por debajo de él había un grupo de gobernadores y administradores selectos. Los alcaldes y los consejos de ancianos de la ciudad se ocupaban de la administración local.
Los babilonios modificaron y transformaron su herencia sumeria para adecuarla a su propia cultura y carácter. El modo de vida resultante demostró ser tan eficaz,  que sufrió relativamente pocos cambios durante aproximadamente 1.200 años. Influyó en sus países vecinos, especialmente en el reino de Asiria, que adoptó la cultura babilónica prácticamente por completo.

Afortunadamente, se ha encontrado una colección importante de obras de literatura babilónica gracias a las excavaciones. Una de las más importantes es la magnífica colección de leyes (siglo XVIII a.C.) frecuentemente denominada Código de Hammurabi, que, junto con otros documentos y cartas pertenecientes a distintos periodos, proporcionan un amplio cuadro de la estructura social y de la organización económica.

Claro está, que por aquellos días, esta fiesta era pagana y tenía otras motivaciones, sobre todo porque la Mesopotamia asiática fue una región que estuvo sujeta a numerosas invasiones  y en la cual se asentaron una serie  pueblos: sumerios, acadios, asirios, caldeos, babilónicos, etc  (a saber: mesopotámico, no es un gentilicio, es un adjetivo que podemos utilizar en geografía o biografía: fauna mesopatámica  o ríos mesopotamicos).

 

Los babilonios tenían infinidad de divinidades pero algunas eran las más importantes. Marduk era el más poderoso de todos. Anu era el dios del cielo; Enlilel dios del Aire; Ea, el dios de las aguas; Sin, la Luna; Asmas, hijo de Sin, era el dios del Sol e Ishtar, diosa del planeta Venus, era la diosa del amor, pero también de la guerra. Los antiguos babilonios estimaban que su ciudad era el “ombligo” del mundo por el hecho de que allí estaba el santuario del dios Marduk, a quien se consideraba como señor del cielo y de la tierra, el principal de todos los dioses. Por eso Babilonia era un centro religioso sin rival en la tierra. Una tablilla cuneiforme del tiempo de Nabucodonosor enumera 53 templos dedicados a dioses importantes, 955 pequeños santuarios y 384 altares callejeros; todos ellos dentro de los límites de la ciudad.

Los babilonios tenían una fiesta llamada Akitu,  con la que acostumbran hacer los propósitos para el Nuevo Año, basicamente estos se resumían en pagar antiguas deudas, además de honrar a los dioses, una fiesta que emulaba una renovación del mundo, sin dudas con reminiscencias agrícolas, esto se debía a que esperaban el fin del invierno, para dar inicio a un nuevo ciclo con la llegada de la primavera, por lo que se celebraba a finales del mes de marzo.

Esta tradición pasaría al Imperio Egipcio y posteriormente al Romano, pero de este capítulo de la historia, hablaré en otro artículo…

 

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